+ FRANCISCANAS DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN (1 mártir)


- Sor Vicenta Ivars Torres

En el siglo se llamaba Francisca Salvadora, y nació el 4 de octubre de 1867 en Benissa (Alicante). Su familia de hondas raíces religiosas acudía a la Eucaristía antes de iniciar el trabajo y con una devoción especial mariana por la Virgen de la Purísima. Éste fue el ambiente familiar humano y cristiano en el que se formó la joven Francisca.

Con 22 años se sintió llamada por el Señor a vivir el carisma de las Hermanas Franciscanas de la Purísima Concepción para ser portadora del amor de Dios a niños, jóvenes, enfermos y ancianos necesitados. Fue admitida al postulantado el 1 de febrero de 1890. Un año después inició el noviciado en la ciudad de Murcia, recibiendo el santo hábito y un nuevo nombre: Vicenta. La Profesión de sus votos perpetuos la realizó el 14 de junio de 1902, consagrando su vida a Cristo para siempre y quedando vinculada definitivamente a la Congregación fundada por la Madre Paula Gil Cano.

Retrato de Sor Vicenta
en la casa de Herencia
Estando Sor Vicenta en el Hospital de Valdepeñas (Ciudad Real), al iniciar la Guerra Civil española quiso trasladarse a su pueblo natal y notifica a sus familiares que llegaría a Benissa el 23 de septiembre de 1936. En el Ayuntamiento de Valdepeñas solicitó el salvoconducto necesario para poder viajar y le fue concedido, pero también le tomaron la información que creyeron conveniente para sus macabras intenciones. Salió de Valdepeñas el día señalado en el tren con dirección a Alcázar de San Juan, donde tomaría el otro tren para viajar a Alicante. Al bajar en Alcázar, ya estaban esperándola, la metieron en un coche, y en la carretera, en el término municipal de Alcázar de San Juan a Herencia, la bajaron y junto a un viñedo Sor Vicenta fue brutalmente asesinada con un disparo que penetró por su ojo derecho.

Por la fuerza del disparo cayó en tierra, quedando oculta en el césped de la cuneta y allí permaneció sin ser enterrada durante tres días. Al cabo de éstos, el señor que trabajaba en la casilla de peones camineros, testigo ocular de los hechos, conforme la halló, le dio sepultura. Refirió que la había encontrado con las manos juntas, como en tono suplicante, y a su lado un crucifijo que se le cayó de las manos, una imagen de la Virgen del Pilar y unas monedas.

Su cuerpo permaneció sepultado en la viña hasta el año 1939 en el que se hicieron por parte de la Congregación las diligencias oportunas para el desenterramiento e identificación del cadáver. Sus restos se trasladaron al panteón que tienen las Religiosas en Herencia (Ciudad Real). En septiembre de 2007 la Congregación solicitó a la Diócesis de Ciudad Real fuera incluido el proceso de beatificación por martirio de Sor Vicenta con los mártires de dicha Diócesis.

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