+ TERCIARIAS CAPUCHINAS DE LA SAGRADA FAMILIA (3 mártires)


- Hna. Rosario de Soano (Petra María Quintana Argos)
- Hna. Serafina de Ochovi (Manuela Justa Fernández Íbero)
- Hna. Francisca Javier de Rafelbuñol (María Fenollosa Alcaina)

Hna. Rosario
Beatificadas el 11 de marzo de 2001.

Hna. Serafina
El 26 de julio de 1936, las Hermanas Rosario y Serafina se vieron obligadas a abandonar su convento de Massamagrell y refugiarse en casas particulares. El 21 de agosto de 1936 fueron detenidas y sometidas a duros trabajos, malos tratos, desprecios y vejaciones. Al día siguiente, las Hermanas fueron fusiladas en la carretera de Puzol (Valencia). La Hna. Rosario, siempre animosa hasta el martirio, se dirigió a su verdugo y sacándose el anillo de profesión le dijo: “Toma, te lo doy en señal de que te perdono”. El miliciano regresó impresionado diciendo: “Hemos matado a una santa, hemos matado a una santa”.


Hna. Francisca

La Hna. Francisca fue fusilada el 27 de septiembre en el cementerio de Gilet (Valencia), después de haber pasado por humillaciones y sufrimientos. Antes de recibir el tiro de gracia les dijo a los verdugos: "Esperaos un momento. Os voy a decir unas palabras: que Dios os perdone como yo os perdono”; y al grito de “Viva Cristo Rey”, cayó gloriosamente.

+ CELADORAS DEL CULTO EUCARÍSTICO (1 mártir)

- Madre María de los Ángeles Ginard Martí

Los días previos a la Guerra Civil española de 1936, la Madre María de los Ángeles era consciente de la persecución religiosa que se avecinaba y se encontraba serena, tranquila, dispuesta a testimoniar su fe con ofrecimiento de su vida. A sus Hermanas las alentaba a permanecer firmes en la fe y les decía: “Todo lo que nos pueden hacer a nosotras es matarnos”.

El día 20 de julio de 1936 las Religiosas tuvieron que salir del convento vestidas de seglares. La Madre María de los Ángeles fue acogida por los Señores Medina-Ariza, que vivían en la calle Monte Esquinza, frente al convento. Desde este refugio vio con dolor cómo los rojos saqueaban el convento y destruían las imágenes y los demás objetos de la capilla.

En esta situación permaneció hasta la tarde del día 25 de agosto de 1936 en que unos milicianos de la FAI, por denuncia del portero de la casa, fueron a detenerla. Al ejecutar la detención se llevaban a una hermana de la dueña de la casa, y la Madre María con serenidad y llena de caridad dijo a sus perseguidores: "Esta señora no es monja, dejadla, la única monja soy yo". Así salvó la vida a esta mujer.

Detenida, la llevaron a la checa de Bellas Artes y al anochecer del día siguiente le dieron el “paseillo” a la Dehesa de la Villa, donde la fusilaron y dejaron abandonada. En la mañana del día 27 de agosto, el cadáver se enterró en el cementerio de la Almudena.

Terminada la Guerra fue identificado el sepulcro, y en el año 1941 fueron trasladados los restos al panteón de las Hermanas Celadoras del Culto Eucarístico en el mismo cementerio, donde permanecieron hasta el 19 de diciembre de 1985 en que fueron trasladados al convento donde ella vivió, sito en la calle Blanca de Navarra de Madrid. El 3 de febrero de 2005 se trasladaron los restos a la iglesia de este convento. Fue beatificada el 29 de octubre de 2005.

Nota: El Instituto de las Celadoras del Culto Eucarístico (29 religiosas) se fusionó en 2010, debido a la crisis vocacional, con el de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada (500 religiosas). Las tres casas de las Celadoras (Madrid, Barcelona y Palma) se sumaron a las de las Misioneras.

+ DOMINICAS CONTEMPLATIVAS (5 mártires)

- Sor Josefina Sauleda Paulís (Buenaventura)
- Sor María del Carmen Zaragoza Zaragoza
- Sor María Rosa Adrover Martí

- Sor Lourdes Bosch Massó (Concepción): Dominica del monasterio de Santa Catalina de Gerona.
- Sor Isabel Ascensión de San José (Ascensión Sánchez Romero): Dominica del monasterio de la Madre de Dios de Huéscar (Granada). Martirizada a los 78 años de edad en febrero de 1937.

Sor Josefina Sauleda Paulís nació el 30 de julio de 1885 en Sant Pol de Mar (Barcelona). Se educó en el colegio de Dominicas de la Anunciata en su pueblo natal. Catequista, especialmente entre niños pobres, pensó ingresar en las Hijas de la Caridad; pero entró, al fin, en 1905 en el monasterio de Montesión (Barcelona), hoy en Esplugues de Llobregat (Barcelona). Fue sucesivamente enfermera, cantora, procuradora, Priora y Maestra de novicias.

El 19 de julio de 1936, con las demás Hermanas, tuvo que dejar el monasterio y buscar acogida en diferentes lugares; pudo haberse refugiado en su pueblo natal, entre sus familiares, pero prefirió quedarse al lado de las otras Religiosas y asumió el cuidado de las mismas. En la mañana del 31 de agosto fue apresada y sometida a un penoso interrogatorio de doce horas; le exigían, entre otras cosas, que descubriera el paradero del capellán y de las demás Hermanas, pero no lograron que delatara a nadie. Exhausta de fuerzas, exclamó en un momento determinado: "No puedo más. ¡Dadme un poco de agua, que me abraso!". Se la sirvieron para que continuara hablando. Al caer de la tarde y, ya en la calle, a la vista del automóvil dispuesto para conducirla, pidió: "Si habéis de matarme, ¿por qué no lo hacéis aquí mismo?". Pero el martirio continuó. Al día siguiente encontraron su cadáver en el Hipódromo: había cumplido 51 años. Es la primera Dominica contemplativa española beatificada el 28 de octubre de 2007.

Sor María del Carmen Zaragoza nació en Villajoyosa (Alicante) el 1 de junio de 1888. Hija de capitán de la marina mercante, pasó la niñez en torno al Cantábrico (Santoña, San Vicente de la Barquera, Algorta). De los 15 años a los 24 residió en Villajoyosa y perteneció a la Asociación de Hijas de María. Después se trasladó a Barcelona. Visitaba ancianos pobres, niños huérfanos y enfermos recogidos en asilos y hospitales. El 22 de julio de 1916 ingresó en el monasterio de Santa Catalina de Siena de Barcelona (hoy perteneciente a la congregación de la Enseñanza de la Inmaculada) y profesó el 18 de febrero de 1918. Cuidó de las clases de niñas y desempeñó el oficio de portera.

Dispersada la Comunidad el 18 de julio de 1936, las monjas buscaron refugio en casas de familiares o bienhechores. Con Sor María Rosa Adrover estuvo acogida en hogares amigos; rezaban por la conversión de sus perseguidores y manifestaban disponibilidad para el martirio. El 7 de agosto les visitó la Priora y les entregó una cantidad de dinero para un posible traslado a Valencia, residencia de sus familiares. Ante la inminencia de registros, aquel mismo día optaron por ausentarse definitivamente y salieron a la calle. Apresadas poco después, en la noche del 7 al 8 de agosto fueron conducidas por la carretera de Molins de Rei y, en el término municipal de Vallirana (Barcelona), en el bosque de Lladoner, recibieron el martirio. Sor María del Carmen tenía 48 años de edad. Fue beatificada el 28 de octubre de 2007.

Sor María Rosa Adrover nació el 22 de julio de 1888 en San Roque (Cádiz). Muy niña todavía pasó con sus padres a Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y después a Tortosa (Tarragona). De los 8 años a los 27 residió en Villajoyosa (Alicante). Fue la mayor de tres hermanos que quedaron pronto huérfanos de padre y madre. Perteneció a la Asociación de Hijas de María y a la Cofradía del Carmen. En 1915 fijó su residencia en Barcelona; trabajó como costurera y al servicio de los condes de Güell. Admitida en el monasterio de Santa Catalina de Siena de Barcelona el 31 de julio de 1920, profesó el 18 de febrero de 1922. Impartió clases en la sección de niñas a quienes se proporcionaba enseñanza gratuita, y desempeñó el cargo de sacristana. Dotada de notables dotes pedagógicas, despertaba gran confianza entre las alumnas. Su martirio, como el de Sor María del Carmen, tuvo lugar en Vallirana (Barcelona), del 7 al 8 de agosto de 1936, a los 48 años recién cumplidos. Fue beatificada el 28 de octubre de 2007.

+ CARMELITAS MISIONERAS (4 mártires)


- Hna. Esperanza de la Cruz (Teresa Subirá Sanjaume)
- Hna. Refugio de San Ángelo (María Roqueta Serra)
- Hna. Daniela de San Bernabé (Vicenta Achurra Gogenola)
- Hna. Gabriela de San Juan de la Cruz (Francisca Pons Sardá)

Beatificadas el 28 de octubre de 2006.

Hermanas Esperanza y Refugio

El 24 de julio, un puñado de milicianos armados se dedicó a localizar a las Hermanas Carmelitas Misioneras del colegio de  Vilarrodona (Tarragona) y a detenerlas. Reunidas en la plaza del pueblo con el párroco y el coadjutor, fueron cargadas en una furgoneta que salió  en dirección a Villafranca  del Panadés, escoltada por dos coches de gente armada.


Hna. Esperanza de la Cruz

Llegadas a Villafranca del Panadés en la noche del 24 al 25, fueron entregadas al comité revolucionario de la localidad y recluidas, primero en unas dependencias del ayuntamiento, improvisadas para cárcel, y luego en una casa particular. Mientras ellas permanecían aisladas e incomunicadas, el párroco y el vicario de Vilarrodona eran vilmente asesinados el día 26 en La Almunia, pueblecito cercano a Villafranca. El 31 de julio se las dejó en libertad para viajar a Barcelona y reunirse con sus familiares. Tomaron el primer tren con dirección a la capital, apeándose en la estación de Aragón-Paseo de Gracia. Allí se separaron de dos en dos con el convencimiento de que no volverían a verse. "Hasta el cielo, hasta el cielo", fue el saludo de despedida.

Las Hermanas Esperanza y Refugio se dirigieron por el Paseo de Gracia hacia la calle Virgen del Coll, en donde vivían las hermanas de Hna. Refugio. No estaban ya,  habían huido también por miedo a la persecución. El desconcierto les jugó una mala partida a las dos Hermanas. Fueron reconocidas sin dificultad como Religiosas y  denunciadas al comité del sector. A la interpelación  formulada por el comité revolucionario de Barcelona de  "¿Qué tenemos que hacer con estas señoras?”, la  respuesta del comité de Vilarrodona fue: "Hagan lo que quieran con ellas”.  Era su sentencia de muerte.


Hna. Refugio de San Ángelo

Efectivamente, aquella misma noche del 31 de julio, la jefatura del comité revolucionario decidía unirlas a otras personas destinadas al sacrificio. En una de las camionetas empleadas para el traslado macabro de los "paseos de la muerte" eran conducidas a la carretera de La Rabassada, de trágicos recuerdos durante estos años, en Barcelona, y rematadas a tiros junto con otras Religiosas. Era la noche del 31 de julio de 1936.




Hermanas Daniela y Gabriela

Las Hermanas Daniela y Gabriela pertenecían a la comunidad de la Casa Madre de Barcelona. Al estallar la Guerra estaban encargadas de velar a una señora enferma de la familia Peremateu, residente en la zona de Pedralbes. Hasta allí se desplazaban diariamente desde Montseny en tranvía. A partir del día 18 de julio corrían riesgo permanente, pero siguieron prestando su servicio caritativo. Nada tuvieron que lamentar durante varios días, a pesar de que ya antes, en ocasiones, les había insultado y amenazado algún empleado de la compañía de tranvías.

El día 26 la familia a la que prestaban su servicio las Hermanas decidió cerrar la casa y dispersarse por miedo a ser perseguida. Antes de separarse de las Hermanas, se buscó otra familia, no lejana, para que éstas estuviesen seguras sin volver a Gracia, dado el peligro que corrían. Allí se vistieron de seglar y estuvieron refugiadas varios días sin poder salir de casa.

Hna. Daniela de San Bernabé

Ante la perspectiva de quedarse de nuevo sin saber dónde refugiarse, por no poder continuar en el domicilio que les había acogido últimamente, decidieron probar fortuna en casa de una sobrina de la Hermana Gabriela, empleada en la farmacia de los señores Boqué, ubicada en la Avenida del Tibidabo. El propietario de la farmacia les ofreció  generosamente su domicilio, sin temor a posibles represalias.  Al salir de la farmacia Boqué,  fueron reconocidas por un empleado de los tranvías, que con vocabulario soez, comenzó a pregonar su condición de “monjas”. No hizo falta más, para que una patrulla de milicianos les echara el alto. La portera de la casa que las estaba esperando, contempló horrorizada cómo eran detenidas, insultadas y obligadas a subir a una camioneta, que salió disparada.

Pudieron constatar que se dirigía a la carretera de La Rabassada. Todo estaba claro. Ya se sabía en toda Barcelona que aquel lugar se había convertido en el "paseo de la muerte". No había lugar ni a la duda ni a la esperanza. Al poco rato, todo se había consumado. En la misma fecha  que las Hermanas Esperanza y Refugio, y a pocos metros de distancia, otras dos Carmelitas Misioneras,  víctimas del odio gratuito, ofrendaban a Cristo su sangre y sus vidas coronadas con la palma del martirio. Era el 31 de julio de 1936.


Hna. Gabriela de San Juan de la Cruz

El primer día de agosto reúnen  a los cuatro cadáveres de las Hermanas en el Hospital Clínico. El médico de  turno, Dr. Peris, fotografía, uno a uno, los cuerpos. Las fotos tienen  el realismo de cuatro sellos de sangre... Por fin se anota en el registro del Juzgado: cuatro entierros de mujeres con el número 4104; 4105; 4107; 4108, procedentes del Hospital Clínico que fallecieron el 31 de julio de 1936 y fueron enterradas el día 3 de agosto en la fosa común del cementerio de Montjuic.

  

+ CAPUCHINAS DE LA MADRE DEL DVINO PASTOR (3 mártires)


- Sor Andrea Solans Ballester (Ramona Antonia)
- Sor Patrocinio Vilanova Alsina (María Magdalena)
- Sor Auxilio Noguera Manubens (Margarita Josefa)


Sor Andrea Solans Ballester nace el 3 de abril de 1875 en Lérida. A los 17 años solicita el ingreso en la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor. Recibidos los permisos paternos y del obispo, inicia el postulantado en Sants y toma el santo hábito. El 20 de mayo de 1894 tiene lugar su primera Profesión por cinco años. Finalizado este período, el 13 de diciembre de 1899, emite la Profesión Perpetua.

Destacó por su fidelidad al carisma del fundador, el Padre José Tous, y, como fiel hija suya, era muy devota de la Santísima Virgen, a la que profesaba una tierna devoción y a quien invocaba con frecuencia junto a sus alumnas. Se caracterizaba por su gran humildad.

Vivía dedicándose al apostolado propio de su Congregación hasta que estalló la persecución religiosa de 1936. Sufrió mucho por la tensión reinante, los desmanes, atropellos e incendios de iglesias y conventos. Tras verse forzada a abandonar la casa religiosa y alojarse durante unos días junto a la Hermana Auxilio Noguera en el hogar de unos conocidos, el 31 de julio decide salir de Premiá de Mar en dirección a Barcelona para reunirse con su familia. Durante el trayecto fue detenida, junto a la Hermana Auxilio, al salir de la estación de Francia, y fueron asesinadas en la carretera que conduce del Prat a Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Cuando iban a ser fusiladas ambas gritaron: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!. Murió mártir por su fe en Jesucristo el 31 de julio de 1936, en servicio a Dios, a la infancia y a la juventud.


Sor Patrocinio Vilanova Alsina nace el 13 de abril de 1877 en San Feliu de Codines. A la edad de 31 años, el 15 de abril de 1908, su padre le autoriza a que ingrese en el Instituto de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor. Comienza el postulantado el 27 de junio de ese mismo año. Finalizado éste, viste el hábito religioso el 1 de diciembre de 1908 y el 31 de diciembre de 1909 hace su Primera Profesión, realizando la profesión Perpetua el 4 de enero de 1915.

Ha entrado en la Congregación en su edad madura. Es una religiosa humilde, ayuda con prontitud en la cocina y es un modelo a seguir para las Hermanas de la Comunidad, con la sonrisa siempre en sus labios. Todos los que la conocieron destacan su recogimiento y su profunda vida interior, vividos gozosamente al modo franciscano. Rezaba constantemente; siempre iba con el rosario en las manos, se mostraba cariñosa y amable con todos. Mujer humilde y trabajadora, irradiaba paz y serenidad en su entorno, siendo ejemplo de Religiosa para todos. Amaba a los animales como fiel seguidora de San Francisco de Asís.

Así vivió su vocación esta mártir por Cristo en la fe. En 1936 le sorprendió la Guerra Civil Española en Sarriá. El 19 de Julio de ese mismo año tuvo que dejar la casa religiosa por mandato de la Superiora General M. Loreto Sanmartí y refugiarse en una casa vecina, en el hogar de unos conocidos. Pasados unos días y tras haber sido incendiado el colegio de Sarriá, decide dejarles por temor a comprometerles, refugiándose en casa de unos parientes en Sants (Barcelona). También aquí presintió que ponía en peligro la vida de los suyos y, un día, cuando su familia se fue a trabajar, dejó una nota de despedida y les abandonó. Se dirigió a continuación al Hospital Clínico de Barcelona donde su intención era la de ayudar a los enfermos y necesitados, pero es reconocida como Religiosa y no la admiten. Se siente acechada y decide regresar a su pueblo natal donde residía uno de sus hermanos. Pero la Hermana Patrocinio nunca llegó a su destino ya que la arrestaron y la mataron, derramando su sangre por su fe en Jesucristo, en Barcelona el 31 de julio de 1936.

Sor Auxilio Noguera Manubens nace en Manresa el 3 de julio de 1870. En 1896 su padre le autoriza a iniciar sus pasos en la vida religiosa y profesar en el Instituto de Religiosas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor. El 18 de marzo de 1897 toma el hábito e inicia el noviciado en Sants (Barcelona).

En 1935 reside en Premiá de Mar donde desempeña el servicio de procuradora de la Comunidad. Lleva una vida normal, trabajando en el ministerio encomendado por sus Superioras con prontitud, alteza de miras, bondad que derramaba a raudales, servicio y humildad; sembrando por doquier la paz y el bien, matiz muy característico de su ideal franciscano. Destacaba por su gran amor y devoción a la Virgen María, especialmente en su advocación de Montserrat. Con ilusión y esmero preparaba el mes de mayo a María y el rezo del rosario con sus alumnas.

En esta comunidad residía cuando le sorprendió la Guerra Civil. Fueron días de duro sufrimiento, de desgarro y tensión que culminaron con la palma del martirio el 31 de julio de 1936 en servicio a Dios y a la Iglesia. Murió junto a Sor Andrea perdonando a sus asesinos y gritando a viva voz: ¡Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío!

Fue abierto el proceso de beatificación de las tres Religiosas el 25 de enero de 2007 en el Palacio Arzobispal de Barcelona.

+ COMPAÑÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS (3 mártires)


- Madre Mercedes del Sagrado Corazón (Mercedes Prat y Prat)
- Madre Josefa Busquets Piñol
- Madre Cándida del Corazón de Jesús (Cándida López Romero)


Madre Mercedes Prat y Prat

Todo esto lo conocemos por testimonio de la Hna. Joaquina Miguel que sobrevivió al fusilamiento y dio testimonio del martirio de la Madre Mercedes Prat:


Madre Mercedes

El 19 de julio de 1936 los milicianos incendian la iglesia de Nuestra Señora de Bonanova, cercana a la Casa Madre de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Las Superioras dispersan a las Religiosas que vestidas de seglares se refugian en casas de familias amigas. Al día siguiente, la Federación Anarquista Ibérica comenzó a registrar los domicilios sospechosos de albergar sacerdotes y Religiosas. Como las represalias hacia las familias podían ser terribles, la Madre Mercedes Prat (56 años) y la Hna. Joaquina Miguel (portuguesa) decidieron encaminarse hacia la casa de la hermana de la Madre en el barrio de Horta, al otro extremo de la ciudad de Barcelona donde se encontraban. Después de dos horas andando, fueron detenidas por un hombre a quien resultaban sospechosas las Hermanas por su indumentaria. Este hombre las llevó a su casa y allí su mujer las registró minuciosamente, encontrando un crucifijo y un rosario. Varios milicianos furibundos se habían concentrado en la vivienda y al ver el crucifijo gritaban: “No merecen ustedes perdón por traer a ese hombre infame que fue crucificado, a ese cupido muerto que no vale nada. No pueden esperar misericordia.”

Se formó un denominado “tribunal soviético” para realizar la pantomima de un juicio para aquellas mujeres cuyo delito era ser Religiosas. Los milicianos las sacaron a un patio donde se reunieron con varias personas arrestadas (entre ellas dos Franciscanas Hijas de la Misericordia). A todos les hicieron subir a un muro alto y los alinearon, colocándolos de espaldas a la carretera. Para prolongar su martirio hacían ademán de disparar ya a la cabeza, ya al pecho o al estómago. Mientras tanto, los milicianos presentes (hombres y mujeres) reían y bebían a la salud de sus prisioneros. Después de dos horas de larga agonía, las piernas de las pobres Religiosas comenzaron a temblar negándose a sostenerlas por más tiempo; un ligero movimiento hubiera bastado para despeñarlas de espalda en la carretera que pasaba delante de la casa.

Al ver esto las hicieron descender y, durante una hora larga, las tuvieron en terreno llano, alineadas de la misma forma. Al fin llegó la orden de no fusilarlas, lo que hizo suspender el horrendo simulacro y les dio un respiro de esperanza. Por la noche llegó un camión, rodeado de más de quinientos milicianos rojos, en el cual fueron metidas las Hermanas con sus compañeros de martirio y un pelotón de hombres armados. Al llegar al sitio que iba a ser para ellas la entrada del Cielo, se detuvo el camión, descendieron las víctimas y les dieron orden de alinearse. Los seis hombres que formaban el pelotón fueron a situarse en medio de la carretera.

Sonaron varias descargas. A la primera, fingiéndose muerta, dejose caer herida al suelo la Hna. Joaquina Miguel, a quien Dios reservaba para que pudiera ser testigo fiel del glorioso martirio de la Madre Mercedes. Los ayes angustiosos de las víctimas resonaron largo tiempo en el lúgubre silencio de la noche. El camión ya se había retirado, pero como los lamentos continuaban, los verdugos volvieron atrás e hicieron sobre los heridos una nueva descarga de ametralladora para rematarlos a todos. La Hna. Joaquina, aunque se desangraba por las seis heridas que había recibido, como no tenía ningún órgano vital afectado, cuando los milicianos se alejaron se acercó arrastrándose como pudo a la Madre Mercedes para ayudarle fraternalmente a bien morir. La Madre, entre gemidos, iba repitiendo el Padrenuestro y las jaculatorias que la Hna. Joaquina le sugería. Al oír sus lamentos de dolor, le decía con afectuosa candidez: “Madre Mercedes, no grite, por amor de Dios, porque volverán esos hombres y nos matarán otra vez..."

Cuando la Hermana Joaquina comprendió que ya había muerto, confiando sus despojos mortales al cuidado de la Providencia, a campo traviesa, se metió por la primera senda que encontró para no caer en manos de aquellos bárbaros cuando vinieran a recoger los cadáveres. La bondad divina la condujo, después de muchas peripecias, al Cónsul de Portugal, que la protegió con verdadera caballerosidad.

La Madre Mercedes Prat fue Beatificada por el Papa Juan Pablo II el 29 de abril de 1990. La Hermana Joaquina Miguel murió en Braga (Portugal) el 12 de abril de 1994.

Madre Josefa Busquets Piñol

La Madre Josefa fue asesinada en Barcelona el año 1936, durante los primeros meses del terror marxista. Tenía 64 años de edad. Había sido Superiora en el Colegio de Gracia y, cuando ocurrieron los hechos, era profesora en esta misma casa. Las Hermanas recuerdan su humildad y su obediencia. De ella han dejado escrito:

“Al abandonar el Colegio de la Travesera de Gracia cuando ya los milicianos recorrían como energúmenos las calles, la Madre Josefa fue a hospedarse con la viuda de su hermano, y pasado algún tiempo fue acogida por una familia caritativa donde, al hacer un registro los rojos la prendieron, tomándola por la esposa del dueño de la casa. Con serenidad proclamó en alta voz su condición de Religiosa, valerosa confesión que le costó la vida pues los milicianos se la llevaron para fusilarla, probablemente algunos días más tarde.

A pesar de las indagaciones que se han hecho, nada hemos podido averiguar acerca de su muerte y del sitio donde sus restos fueron sepultados. El único testimonio que tenemos de su muerte se apoya en la afirmación posterior de una ex-alumna del Colegio, discípula suya, que reconoció su cadáver en el Hospital Clínico donde hacinaban diariamente los sangrientos despojos de las víctimas para que sus familiares pudieran identificarlos y darles sepultura.”

Madre Cándida López Romero

La Madre Cándida tenía 42 años cuando, en Mora de Toledo, el 21 de mayo de 1937, entregó su vida como testimonio de su fe. Era una persona sencilla, entusiasta, optimista, incluso ingenua. Las Hermanas dicen que el nombre de Cándida le venía perfectamente y fue como un símbolo de su vida y de su muerte.

El relato de los acontecimientos dice así: Al fracasar en Valencia el Alzamiento Nacional, la Madre Cándida fue a refugiarse en su pueblo natal. Después de varias tentativas infructuosas logró llegar a Mora de Toledo, donde se la persiguió con verdadera saña desde el primer instante de su llegada. En aquellos días terribles en los que el más fútil pretexto bastaba para asesinar a las personas honradas, muy lógico era el odio con que se miraba a la Madre Cándida, que tenía en contra suya el triple crimen de ser religiosa, pertenecer a una familia acaudalada que empleaba su fortuna en hacer el bien, y estar calificada como derechista de abolengo en toda la provincia.

El primer zarpazo de la fiera fue encarcelarla con sus hermanas, odiadas por los rojos a causa de sus campañas catequísticas. Con serenidad e intrepidez que asombraban a sus verdugos, nuestra querida Mártir soportó en la prisión toda clase de vejaciones, golpes y malos tratos, que en varias ocasiones la obligaron a arrojar sangre por la boca. Sobre ella recaían invariablemente los oficios más despreciables y pesados, como lavar suelos y retretes, etc., y como si esto no bastara, le negaron hasta el menguado alivio de una silla en que sentarse y un colchón para extender sus miembros doloridos.


Madre Cándida

Una de las tres veces que estuvo encarcelada, la sacaron una noche en una camioneta simulando que iban a darle el trágico “paseo”, y para asustarla más le preguntaron si quería morir envenenada o fusilada. La Madre Cándida respondió que eligieran ellos mismos la muerte que mejor les pareciera y continuó rezando tranquilamente su rosario. Largas semanas de humillación y sufrimiento faltaban a la víctima para la gloria de su triunfo, y después de haber tenido tan cerca aquella noche la palma del martirio, no pudo asirla con las manos. No quiso ocultar jamás su condición de esposa de Jesucristo, lo que la hacía blanco de las iras de aquellos desalmados; nunca abandonó sus prácticas piadosas, y tan ferviente era la devoción con que a ellas se entregaba que, subyugado un teniente rojo por la memoria de su madre a quien había visto rezar de igual manera, la acompañó más de una vez en la recitación del rosario.

El 20 de mayo de 1937 llegó a Mora la funesta Columna Lister, formada por la hez del comunismo internacional; su primera hazaña fue detener a la Madre Cándida y a sus dos hermanas con otros muchos católicos de significación derechista. El día 21 de mayo, a las diez de la noche, un pelotón de internacionales sacó de la cárcel a la Madre Cándida y a sus diecinueve compañeros (el grupo era de 15 hombres y 5 mujeres); sigilosamente, para que el vecindario no se enterase del asesinato, se les condujo a las afueras de Mora donde recibieron la corona del martirio con el sadismo y bárbaras mutilaciones características de todos los crímenes realizados por aquellos forajidos sin patria y sin hogar.

Al extraer los cadáveres de estas últimas víctimas del terror marxista en la población, apareció la cabeza de la Madre Cándida hendida, probablemente a golpes de hacha, la mano derecha separada del brazo y cortado uno de los pies. Aquella sangrienta noche de mayo los verdugos enterraron los cuerpos en una trinchera abierta en medio del campo y, para borrar las huellas del salvaje atentado, a continuación de la “trinchera-sepulcro” cavaron otra serie impidiendo así que el lugar pudiera más tarde ser reconocido.

El Cardenal Gomá hizo trasladar los restos de los mártires, previamente identificados por sus familiares, a la iglesia parroquial de Mora y colocarlos en una capilla construida expresamente para ese fin. En el lugar donde fueron asesinados se ha construido un cementerio; una cruz y un espacio rodeado por una verja recuerdan el sitio exacto donde cayeron.

Las Madres Amalia Cernuda y Catalina Díez se encargaron, en el año 40, de recoger los datos posibles sobre el martirio de nuestra Hermana. Hablaron personalmente con la familia, con el párroco, con testigos fidedignos, e incluso con “Ganaliebres”, un criminal al que permitieron salir de la cárcel para que nuestras Hermanas lo interrogaran, pero... "Como desgraciadamente los rojos se empeñaron en no decir palabra de ese crimen, que sin tenerlos a ellos como cómplices no hubieran podido realizar los internacionales, que no conocían al vecindario de Mora, la Compañía de Santa Teresa de Jesús no ha podido esclarecer todos los pormenores de la muerte de esta querida Hermana Mártir.”

+ FRANCISCANAS HIJAS DE LA MISERICORDIA (2 mártires)



- Sor Catalina del Carmen (Caldés Socías)
- Sor Micaela del Sacramento (Rullán Ribot)

Beatificadas el 28 de octubre de 2007. Ambas pertenecían al Instituto de las Franciscanas Hijas de la Misericordia, fundadas en septiembre de 1856 por el sacerdote Gabriel Mariano en Pina (Mallorca). Su campo de acción eran las aldeas y pueblos pequeños, pero también las ciudades, en donde servían a los pobres y ancianos, cuidaban a los enfermos en sus casas o en dispensarios, educaban a los pequeños en guarderías, colaboraban en las parroquias, etc. En lo alto de la barriada de Vallcarca, en la ciudad de Barcelona, hay un Santuario dedicado a “Nuestra Señora del Coll”, y cerca un pequeño convento en el que estaban destinadas Sor Catalina y Sor Micaela. Allí se encontraban cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936.

Sor Catalina nació el 9 de julio de 1899 en Sa Pobla (Mallorca), en el seno de una familia de profundas raíces cristianas. Era la segunda de los cuatro hijos que tuvieron los esposos Miguel Caldés y Catalina Socías. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento en la parroquia de San Antonio y a los pocos meses recibió la confirmación. Estudió en el colegio de las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia y siguió luego en contacto con ellas hasta que el 13 de octubre de 1921 vistió en Pina su característico hábito azul, profesando el 14 de octubre de 1922.


Sor Micaela
Sor Micaela nació en la villa de Petra (Mallorca) el 24 de noviembre de 1903 y recibió el bautismo al día siguiente. Desde pequeña frecuentó el parvulario que las Hermanas Franciscanas Hijas de la Misericordia tenían en el pueblo y siempre tuvo muy clara su vocación de dedicarse a los más pequeños, una vocación a ejercer la misericordia, manifestando así el amor de Dios que nos ha sido revelado en Jesucristo. Tuvo que emigrar a Valencia con sus padres por unos años y luego regresó a Mallorca. De nuevo frecuentó a las Franciscanas, colaboró en la catequesis, junto con sus amigas confeccionaba prendas y juguetes para donar a los más necesitados. No le importaron los comentarios que desató su decisión de entrar en la vida religiosa. Tampoco cambió de opinión cuando algunos le aconsejaban que entrara en otra congregación de mayor abolengo. Precisamente por su humildad y simplicidad escogía a las Franciscanas, explicaba ella a quien le planteaba alternativas. El 14 de abril de 1928 ingresó como postulante en Pina, emitiendo el 16 de octubre de 1929 la primera profesión. Al poco de hacer su profesión perpetua, el 16 de octubre de 1935, fue destinada a la comunidad del Coll.

El martirio

El 18 de julio de 1936, Sor Catalina se encontraba sirviendo de enfermera a domicilio cuando en la calle se proferían amenazas y griteríos anticlericales. Aunque le aconsejaron que no se moviera y habrían podido esconderla, prefirió reunirse con sus Hermanas para compartir con ellas el sufrimiento de aquellos momentos inseguros y regresó al convento vestida de seglar.

El 20 de julio, alrededor de las tres de la tarde, se presentó en el convento un grupo de milicianos anarquistas. Ante sus preguntas, las Religiosas se identificaron abiertamente, no ocultando ni su condición religiosa ni su misión. Después de ciertas divagaciones, los milicianos se llevaron a Sor Micaela y a Sor Catalina a la sede del comité de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), donde las tuvieron encerradas durante tres días. Fueron torturadas y recibieron un trato cruel, vejatorio y denigrante.

Luego se las llevaron a una carretera de las afueras, en dirección al Tibidabo y en la famosa curva, llamada Rabassada, fueron fusiladas junto con otras dos Religiosas de la Compañía de Santa Teresa, Madre Mercedes Prat y Prat y la Hna. Joaquina Miguel (que se salvó milagrosamente del fusilamiento), además de con el Hno. Pau Noguera, Misionero de los Sagrados Corazones, y la Señora Prudencia Canyelles, el día 23 de julio de 1936 por la tarde.


Sor Catalina
Sor Micaela murió en el acto, tenía 32 años. Pero Sor Catalina quedó malherida, por lo que, durante la noche, con grandes esfuerzos, pudo llamar a la puerta de una casa conocida, pidiéndoles un vaso de agua. Le dieron un vaso de leche y una silla para sentarse en el jardín ya que, por temor a represalias, no la dejaron entrar en la casa. Esta familia llamó a un pariente miliciano para que la acompañara al Hospital Clínico para curarla. De hecho la recogió, pero en el camino de la Vall de Hebrón la remató. Tenía 37 años de edad.

+ FRANCISCANAS DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN (1 mártir)


- Sor Vicenta Ivars Torres

En el siglo se llamaba Francisca Salvadora, y nació el 4 de octubre de 1867 en Benissa (Alicante). Su familia de hondas raíces religiosas acudía a la Eucaristía antes de iniciar el trabajo y con una devoción especial mariana por la Virgen de la Purísima. Éste fue el ambiente familiar humano y cristiano en el que se formó la joven Francisca.

Con 22 años se sintió llamada por el Señor a vivir el carisma de las Hermanas Franciscanas de la Purísima Concepción para ser portadora del amor de Dios a niños, jóvenes, enfermos y ancianos necesitados. Fue admitida al postulantado el 1 de febrero de 1890. Un año después inició el noviciado en la ciudad de Murcia, recibiendo el santo hábito y un nuevo nombre: Vicenta. La Profesión de sus votos perpetuos la realizó el 14 de junio de 1902, consagrando su vida a Cristo para siempre y quedando vinculada definitivamente a la Congregación fundada por la Madre Paula Gil Cano.

Retrato de Sor Vicenta
en la casa de Herencia
Estando Sor Vicenta en el Hospital de Valdepeñas (Ciudad Real), al iniciar la Guerra Civil española quiso trasladarse a su pueblo natal y notifica a sus familiares que llegaría a Benissa el 23 de septiembre de 1936. En el Ayuntamiento de Valdepeñas solicitó el salvoconducto necesario para poder viajar y le fue concedido, pero también le tomaron la información que creyeron conveniente para sus macabras intenciones. Salió de Valdepeñas el día señalado en el tren con dirección a Alcázar de San Juan, donde tomaría el otro tren para viajar a Alicante. Al bajar en Alcázar, ya estaban esperándola, la metieron en un coche, y en la carretera, en el término municipal de Alcázar de San Juan a Herencia, la bajaron y junto a un viñedo Sor Vicenta fue brutalmente asesinada con un disparo que penetró por su ojo derecho.

Por la fuerza del disparo cayó en tierra, quedando oculta en el césped de la cuneta y allí permaneció sin ser enterrada durante tres días. Al cabo de éstos, el señor que trabajaba en la casilla de peones camineros, testigo ocular de los hechos, conforme la halló, le dio sepultura. Refirió que la había encontrado con las manos juntas, como en tono suplicante, y a su lado un crucifijo que se le cayó de las manos, una imagen de la Virgen del Pilar y unas monedas.

Su cuerpo permaneció sepultado en la viña hasta el año 1939 en el que se hicieron por parte de la Congregación las diligencias oportunas para el desenterramiento e identificación del cadáver. Sus restos se trasladaron al panteón que tienen las Religiosas en Herencia (Ciudad Real). En septiembre de 2007 la Congregación solicitó a la Diócesis de Ciudad Real fuera incluido el proceso de beatificación por martirio de Sor Vicenta con los mártires de dicha Diócesis.

+ DOMINICAS DE LA ANUNCIATA (7 mártires)



- Madre Ramona Fossas Románs
- Hna. Adelfa Soró Bó
- Hna. Teresa Prats Martí
- Hna. Ramona Perramón Vila
- Hna. Otilia Alonso González
- Hna. Reginalda Picas Planas
- Hna. Rosa Jutglar Gallart

Beatificadas el 28 de octubre de 2007.


La Madre Ramona Fossas (54 años) y las Hnas. Adelfa (49 años), Teresa (41 años), Ramona (37 años) y Otilia (19 años) fueron martirizadas en el Fero de Vallvidrera (Barcelona) el 26 de julio de 1936. Las Hnas. Otilia y Ramona Perramón sobrevivieron al fusilamiento. Moribundas, dieron testimonio a quienes las atendieron de agradecimiento a Dios por la gracia del martirio. Murieron perdonando a sus asesinos y con jaculatorias de amor a Jesús y a su Madre en los labios.


Las Hnas. Reginalda (41 años) y Rosa (36 años) sufrieron martirio en el Camino de Cornet de Castellgalí (Barcelona). Se encontraban escondidas en un piso de Manresa. El 26 de julio los milicianos republicanos registraron el domicilio y fueron objeto de burlas y propuestas deshonestas. Al día siguiente las arrestaron por ser Religiosas y las fusilaron.